En 1992, la Cartelera Turia instituyó unos premios para distinguir a los mejores del año, según el criterio de la publicación, en diversos campos de la cultura: el cine, el teatro, la literatura, la gastronomía, el deporte, los medios de comunicación o la televisión. Dos años más tarde, en su tercera edición, la Turia fue consecuente con su visión del cine porno e incluyó dentro de sus galardones anuales uno dedicado al cine X.

         La británica Sarah Young tuvo el honor de inaugurar el palmarés porno de los Premios Turia, en una edición en la que la presencia de la actriz inglesa despertó una enorme expectación en la ciudad. Para la historia quedará siempre la foto que publicaron varios medios de comunicación de Young con Joan Lerma, entonces presidente de la Generalitat Valenciana.

         Al año siguiente, la Turia premió a Rocco Siffredi, quien acudió a Valencia en compañía de su mujer, Rosa Tassi, con la que se acababa de casar. En aquellos tiempos, Rocco no era tan conocido en nuestro país como lo sería años más tarde y el semental italiano pudo pasear tranquilamente por las calles de la capital valenciana sin ser acosado por sus admiradores.

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         El listón de las dos primeras ediciones de Premios Turia dedicados al porno estaba muy alto, pero la cartelera intentó mantenerlo en las siguientes ediciones. En 1996, la italiana Selen visitó Valencia y los Premios Turia fueron el escenario escogido por la productora Negro y Azul para la presentación oficial del lanzamiento en dvd de los primitivos pornos financiados por Alfonso XIII en los años 20 del siglo pasado. Dos  año después, la cartelera no concedió un premio, sino dos, y distinguió al actor Nacho Vidal, comenzando una importante lista de galardonados del porno nacional que incluiría, en años sucesivos, a José María Ponce, Toni Ribas, Sophie Evans, Max Cortés, Celia Blanco, Lucía Lapiedra, Salma de Nora y Dunia Montenegro.

         Cuando la Turia premió por primera vez a Nacho Vidal (en 2012 volvió a concederle un galardón por toda su carrera), la cartelera empezó a organizar un singular evento, una especie de embrión de un festival erótico. Se llamaba “Sex Party” y reunía, en una céntrica discoteca de Valencia, a invitados y amigos de la publicación en una fiesta en la que había espectáculos de sexo en vivo. En las “Sex Party”, que se celebraron durante un decenio sin interrupción, actuaron las más importantes estrellas del porno español e internacional ante la atenta mirada de celebridades del mundo de la cultura.

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         En 2001, los Premios Turia lograron algo que no había conseguido nadie en nuestro país: traer a la mítica Zara Whites para concederle un Halcón Maltés, la estatuilla que distingue a los ganadores. Zara, retirada del porno desde hacía años, acudió a Valencia e hizo disfrutar con su presencia a todos los aficionados al cine para adultos.

         El palmarés de los Premios Turia dedicados al porno durante los 20 años en los que se ha entregado el galardón es un extraordinario ejemplo de la importancia de estos premios para la industria de entretenimiento para adultos en nuestro país. Además de los ya citados, la lista de nombres se completa con Sabina, Mario Salieri, Marc Dorcel, Joy Karin’s, Luca Damiano, Ursula Cavalcanti, Uma, Bambola, Angelika Wild, Tera Bond, Olga Cabaeva y el equipo del programa “Todos ahhh 100″, que emitió La Sexta entre 2006 y 2009 y que estaba dedicado al sexo.

3. Maníacos del porno

A partir de 1988, los veteranos críticos de la Turia, forjados en las sesiones de cine-club, que acudían a las salas X a ver porno para después escribir sobre él dejaron paso a una nueva generación de periodistas, de formación más diversa, para realizar tan ingrata tarea. Uno de los primeros críticos especializados en cine X de la Turia fue el cineasta y guionista Criso Renovell que, en 1989, cedió el testigo a dos especialistas en la materia: Casto Escópico y Frank Lasecca. Tras tan extraños seudónimos se escondían los periodistas valencianos Lucas Soler y Paco Gisbert, quienes dotaron a las críticas X de mayor sentido del humor y, sobre todo, de una rigurosidad histórica de la que carecían quienes compaginaban los filmes de Rohmer con el cine de Damiano o los hermanos Mitchell.

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         1989 también fue el año del nacimiento de una publicación que ha sido capital para entender la pasión por el porno en Valencia. Manuel Valencia, un joven de 19 años, comenzó en agosto de aquel año a editar un fanzine que recogía información del tipo de cine que a él le gustaba: el más bizarro que se hacía en el mundo. Y, en ese saco inmenso, estaba también el porno. El fanzine se llamó 2000Maníacos, en explícito homenaje a la peli psicotrónica de mediados de los 60, y comenzó con miras bien modestas, ya que el propio Valencia lo editaba con el viejo sistema de cortar, pegar y fotocopiar. Con el tiempo, el 2000Maníacos fue creciendo hasta convertirse en una publicación de referencia en temas de cine gore, terror, fantástico, películas raras y porno, y coleccionó firmas de prestigio, como las de Jordi Costa, Álex Mendíbil, Pedro Calleja, Rubén Lardín, Borja Crespo, Fausto Fernández, Antonio Trashorras, Jaume Balagueró, Jesús Palacios, Jorge Riera, Manuel Romo, Isabel Andrade, Sandra Uve o los propios Escópico y Lasecca. En la actualidad, 2000Maníacos es el fanzine más veterano que se publica en papel en nuestro país, a punto de cumplir los 24 años de existencia.

         En el verano de 1993, 2000Maníacos sacó a la calle un número monográfico dedicado al cine porno. Por primera vez en nuestro país, una revista, aunque fuera en el formato de fanzine, dedicaba un número especial al mundo del porno. La experiencia se repetiría dos años después con otro número extraordinario con la misma temática, mucho más documentado y con entrevistas y reportajes realizados en los festivales eróticos de Barcelona, a los que los intrépidos periodistas del fanzine nunca faltaban.

         La trayectoria de Manuel Valencia ha estado ligada a la información sobre porno desde sus comienzos en la profesión. Portavoz del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona (FICEB) durante años, el periodista valenciano publicó, en compañía de Paco Gisbert, la única historia del cine X que existe en nuestro país, y, en la actualidad, compagina la edición del fanzine con la información sobre cine X en la Cartelera Turia.

2. Con la Turia bajo el brazo

En 1983, el gobierno socialista surgido de las elecciones de octubre del año anterior aprobó la legislación que regulaba la exhibición de películas X en España. La “Ley Miró”, como se conoce al texto legal que todavía sigue vigente y que fue promovida por la cineasta Pilar Miró, directora general de cinematografía bajo el gobierno de Felipe González, autorizó la distribución y exhibición pública de porno en nuestro país, lo que se tradujo en que, a comienzos de marzo de 1984, comenzaran a funcionar las primeras salas X en nuestro país.

         Valencia se convirtió entonces en una de las ciudades españolas con mayor número de salas especializadas en la exhibición de cine pornográfico. Antiguos cines, como el Xerea o el Colón, se reciclaron en salas X, mientras que otras de más reciente creación y que, hasta entonces, habían proyectado películas de “arte y ensayo”, caso de las situadas en la calle Alcoy y en la calle Cuenca, se sumaron a la fiebre por el porno en la ciudad. El público valenciano acogió con curiosidad esta nueva oferta cinematográfica, pese a que la programación de las salas era un ejemplo del caos y la incultura que existía (y existe) en nuestro país respecto al cine con sexo explícito. Junto a películas recientes, entre ellas las de los pioneros del porno español en la legalidad, se proyectaban grandes clásicos del X americano o francés, sin el más mínimo criterio.

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         El espaldarazo al porno en Valencia lo dio la mítica Cartelera Turia, una publicación tan atípica como controvertida que todavía sobrevive, a punto de cumplir los 50 años de existencia. Nacida en pleno franquismo, a comienzos de 1964, la Turia, como se la conoce en Valencia, apostó desde sus inicios por una crítica cinematográfica rigurosa y una adscripción ideológica de izquierdas. Esto se tradujo en muchos problemas con la justicia durante los últimos años del franquismo pero, por contra, en un importante apoyo popular por parte de la intelectualidad valenciana. Cuando las salas X se legalizaron en España, la Turia fue la única publicación generalista que optó por considerar al porno como cine, de manera que sus críticos acudían a ver las películas X igual que iban a ver los filmes convencionales para luego escribir sobre ellas en la cartelera.

         Dos meses después de la apertura de las salas X, en uno de los locales de la calle Cuenca se estrenó la legendaria “El diablo en la señorita Jones”, de Gerard Damiano, y la Turia, como hacía con todos los estrenos de la ciudad, publicó el lunes siguiente la crítica del filme. Para sorpresa general, la inflexible cartelera realizó una crítica muy favorable a la cinta de Damiano, lo que provocó una curiosa reacción entre el público cinéfilo de la ciudad. La sala x de la calle Cuenca se llenó de cinéfilos que acudían en tropel a ver las reflexiones sartrianas de la señorita Jones con la Turia bajo el brazo. La crítica de la Turia constituyó un filón para los propietarios de la sala, que mantuvieron durante un año la película en cartel. En los dos primeros meses de proyección en Valencia, “El diablo en la señorita Jones” registró llenos diarios.

         La Turia mantuvo su costumbre de publicar críticas de las películas X que se estrenaban en Valencia hasta comienzos de este siglo, cuando la desaparición de la mayoría de las salas y la caótica programación de las que restaban (que, en algunos casos, proyectaban filmes pirateados de videoclubes) obligó a los críticos habituales de la cartelera a desistir de su empeño. Sin embargo, el espacio para la crítica de cine porno permanece en la actualidad en la mítica cartelera gracias a la sección “El rincón del piu” (el nombre que tuvo, en su origen, el espacio de la publicación dedicado al cine porno), que reseña filmes actuales y novedades en el mercado del cine X en dvd.

1. Los años clandestinos

Si, como apuntan los historiadores, el porno nació al mismo tiempo que el cine, cuando la invención del cinematógrafo propició la filmación de escenas escabrosas, se puede afirmar que el porno valenciano también está unido a los comienzos del cinematógrafo en Valencia. No existen datos que lo corroboren, pero es bastante probable que, en el equipo técnico y artístico del más de medio centenar de cortometrajes pornográficos que realizaron los hermanos Baños en la primera mitad de la década de los veinte del siglo pasado, por encargo del Conde de Romanones, hubiera presencia valenciana.

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         Lo que sí que es cierto es que el mérito de que tres de esas películas hayan llegado hasta nosotros es de varios valencianos. Del coleccionista privado que las conservó durante años, desafiando la represión franquista, en un pueblo de la Comunidad Valenciana. De los responsables de la Filmoteca Valenciana, que descubrieron los filmes en 1991. Y de sus técnicos, que se encargaron de restaurarlas hasta su presentación oficial, cuatro años después.

         Las tres películas porno encargadas por el rey Alfonso XIII a los hermanos Baños que han llegado a nuestros días también gozarían de una difusión popular gracias a la iniciativa de una empresa valenciana: la distribuidora de Almassora Negro y Azul, quien compró los derechos de los tres filmes y los editó en DVD en 1997.

         En todo caso, existen testimonios de que la pornografía estaba presente en algunos ámbitos de la vida valenciana de primeros del siglo XX. Al comienzo de la Avenida del Puerto, en un viejo caserón que había delante de donde se ubicaban los Cines Aragón, existía un famoso burdel frecuentado por gente de la burguesía valenciana de la época. En dicha casa de citas, los clientes hacían más amena la espera de su meretriz favorita contemplando cortometrajes porno que se proyectaban gracias a un proyector Pathé, una tecnología que puso al alcance de las clases adineradas el cine. Este curioso calentamiento era una práctica común en las casas de lenocinio más distinguidas de toda España.

         La Guerra Civil y la dictadura que surgió de la contienda endurecieron notablemente las costumbres licenciosas en público de los valencianos, que hubieron de conformarse, durante décadas, con asistir a los teatros de variedades, como el Eslava, donde las vedettes de mediados del siglo pasado enseñaban algo de carne. No sería hasta la década de los 70 cuando daneses y alemanes comenzaron a rodar, de forma clandestina, algunas escenas porno de temática playera en las costas alicantinas. Aunque la producción no alcanzó nunca el volumen de negocio de lo que se rodaba en la Costa del Sol o en Ibiza, Alicante y sus playas tienen una pequeña cuota de protagonismo en la prehistoria del porno en nuestro país.